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Por María Cervera
Hace años los empresarios españoles podían elegir los mejores talentos pero, hoy, ante la competitividad que impera en el mercado actual, las compañías tienen dificultad para atraer y retener a los mejores.
En un reciente estudio entre los directivos de la Asociación Americana de Gestión, más del 50 por ciento contestaba que habían perdido recientemente tantos empleados que su capacidad de competir en el mercado se había visto seriamente comprometida. Según las estimaciones, los costes para reemplazar a un trabajador altamente cualificado pueden llegar al 200 por ciento de su salario anual, sin tener en cuenta las pérdidas por las capacidades y experiencia.
Por ello, hoy más que nunca es imprescindible la capacidad de las empresas para atraer, satisfacer y retener a los empleados clave.
Los datos hablan por sí solos.
En Estados Unidos se estima que para el 2010 la proporción de trabajadores entre 35 y 44 años descenderá en un 15 por ciento. En España, y debido al índice de natalidad, que es el más bajo de toda Europa, esta proporción puede ser mayor. El resultado es que muchas compañías empiezan a valorar los principios de la ciencia de gestión en la retención de talentos. Ante esta situación, los líderes de las grandes organizaciones comienzan a preguntarse cómo poder desarrollar una cultura para atraer, valorar, recompensar y retener a los mejores.
La implantación de sistemas de trabajo con grandes implicaciones y altos niveles de desempeño por parte de los trabajadores requiere un serio compromiso de hacer las cosas de forma diferente. No es posible implantar con éxito esta forma de trabajo si no existe una confianza y respeto mutuos. Sucede que la confianza falla en muchas relaciones entre empresario y empleado. Por ello, creemos que las nuevas políticas de reorganización deberían medirse por un criterio muy simple: el de implicar y crear confianza.
Un ejemplo por el que esta declaración se ve avalada es con lo que suelen contar los trabajadores de las 100 Mejores Compañías de la revista Fortune, donde aparece en primer lugar las culturas en las que la confianza florece; el que estas compañías tienen la mitad de rotación que la media y más del doble de solicitudes de empleo que las compañías que no están en la lista.
Si de nuevo hablamos de la relación entre los resultados del negocio y la salud mental de los trabajadores, una reciente encuesta entre 55.000 empleados analizaba estas dos variables y concluía que cuando se dan 4 actitudes conjuntamente aumentan los beneficios de la empresa.
Estas actitudes no son otras que el hacer sentir a los trabajadores que se les da la oportunidad a diario de hacer lo que mejor hacen; hacerles ver que sus opiniones también cuentan; sentir que sus compañeros se esfuerzan en hacer un trabajo de calidad y el establecer una conexión entre su trabajo y la misión de la compañía.
En otro estudio con 10.300 empleados de US, Europa, Rusia y Japón se identificaron los siguientes cinco factores más deseados en el lugar de trabajo entre los que se encuentran la posibilidad de equilibrar vida personal y laboral; un trabajo que se pueda disfrutar; seguridad en el futuro; buena retribución salarial y compañeros amables. Por estos beneficios más de dos tercios indicaron que estarían dispuestos a cambiar su trabajo.
Tras arduas investigaciones a nivel internacional y acorde a nuestra experiencia gracias a la implantación de los programas de apoyo al empleado, los directivos que comprenden y responden tanto a las complejidades del ambiente laboral, así como a las necesidades básicas de sus colaboradores de forma constante mejoran el desempeño de éstos en más de un 40 por ciento. Todos coinciden en que los empleados deben poder desarrollar su inteligencia emocional, necesaria para mantener relaciones de trabajo de calidad que son vitales, no sólo para la persona sino para el éxito de la organización.
El liderazgo y las relaciones humanas juegan un papel clave en el éxito de la organización. El líder tiene ahora un nuevo cometido: el liderato emocional. Un resumen de 14 investigaciones que analizan la satisfacción del empleado y el éxito de la empresa concluía afirmando que lo que más contribuía a la realización del empleado es la relación diaria que mantiene con el líder de la organización.
Dependiendo del sector, la satisfacción del empleado contribuía entre un 10 y un 88 por ciento a las variaciones en la productividad y el desempeño. Los directivos que se preocupen por el bienestar de sus empleados y en desarrollar el potencial de sus colaboradores, además de valorar la relación entre las actividades individuales y el bien común, tendrán empleados más felices, sanos y productivos.
En España nos encontramos que el crecimiento de la economía ha producido grandes competencias, aumento del estrés, reducción de costes, outsourcing y globalización.
Solamente si se da respuestas a las necesidades básicas del ser humano, seguridad, confianza, respeto, comunicación, retos, las organizaciones podrán optimizar su posibilidad de promover la salud, la satisfacción y pasión.
Autor:
María Cervera
Vicepresidenta y directora de programas de ICAS
Fuente:
Expansión y Empleo
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